¿Por qué no funciona luchar contra los pensamientos negativos?
«Hoy, hasta las moscas me pasan de largo. Será que algo les huele mal… El griterío de mis pensamientos a toda velocidad. Hasta los huevos de esperar un milagro. Cansado de avanzar marcha atrás.» — Leiva y Robe (Caída Libre)
Los seres humanos somos organismos extremadamente complejos, no piedras inertes. Cuando nos movemos por el mundo, en nuestro interior resuenan cosas. Lo que ayer nos gustaba y nos hacía saltar de alegría, hoy nos aburre. Lo que ayer era felicidad, hoy, visto desde el presente, es nostalgia.
Lo que a otros no les importa, a mí me aterra. Lo que a mí me paraliza, antes ni lo pensaba. A veces río sin saber por qué, y a veces me despierto con ganas de no hacer nada, sintiendo que el día es una cuesta arriba interminable bajo el sol del verano.
La trampa de categorizar y controlar nuestras emociones
Los seres humanos tenemos la tendencia natural a categorizar, valorar y controlar todo lo que nos rodea. Si algo nos molesta, lo llamamos «negativo». Si algo nos gusta, lo llamamos «positivo».
Buscamos herramientas para «librarnos» de lo que nos desagrada y «atraer» lo que nos reconforta. Este enfoque no solo lo aplicamos a nuestro entorno externo, sino también a nuestro mundo interior: emociones, pensamientos y sensaciones. De esta forma, etiquetamos el malestar como algo que debe eliminarse.
A diario escuchamos mensajes como:
- «Para ser feliz, tienes que sentirte bien»
- «Te ayudamos a librarte de tus pensamientos negativos»
- «Si eliminas lo malo, lo bueno vendrá solo»
Estas frases, aunque bienintencionadas, simplifican una realidad humana mucho más compleja y pueden generar una frustración innecesaria.
Control emocional: La diferencia entre el mundo exterior e interior
Lo que sucede dentro de nosotros no se puede manipular de la misma forma que lo que sucede afuera. En el mundo físico, tenemos cierto control:
- Si nos quemamos, retiramos la mano y el dolor cesa.
- Si tenemos frío, nos abrigamos o buscamos un lugar cálido.
Aprendemos que manipular el entorno funciona para sentirnos mejor. Sin embargo, en nuestro mundo interior, las reglas cambian. Luchamos contra ese pensamiento recurrente o esa emoción que nos acompaña, pero no desaparecen simplemente porque queramos. A menudo, cuanto más intentamos suprimir un pensamiento, más presente se vuelve. Es lo que en psicología contextual llamamos la trampa del control.
El enfoque de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)
La evidencia científica nos dice que las emociones y los pensamientos no siempre llegan cuando los llamamos, ni se van cuando los echamos. La Terapia de Aceptación y Compromiso propone dejar de invertir energía en una batalla que no se puede ganar: la lucha contra uno mismo.
Reflexión final: ¿Hacia dónde caminas?
¿Cuánto tiempo podemos mantenernos en esta lucha interna? Mientras estemos vivos, seguiremos sintiendo. Las emociones y los pensamientos son parte inherente de la experiencia humana. No podemos evitar que aparezcan, pero podemos cambiar nuestra relación con ellos.
Tal vez la pregunta clave no sea cómo dejar de sentir, sino: ¿Cuál es nuestra dirección? ¿Qué nos hace sostenernos y seguir avanzando, incluso cuando todo parece abrumador?
¿Sientes que la lucha contra tus pensamientos te está paralizando? Si buscas apoyo profesional, en mi consulta de psicología en Valladolid trabajamos mediante terapias de tercera generación para ayudarte a recuperar el control de tu vida, no de tus pensamientos.
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