La curiosidad como motor de cambio: ¿Qué sucede realmente en terapia?

A menudo, cuando alguien llega a mi consulta en Valladolid, lo hace con la sensación de que algo en su vida está «roto» y debe ser reparado. Sin embargo, como suelo explicar y como compartía hace poco en mis redes, el proceso terapéutico tiene mucho más que ver con la curiosidad que con el juicio.

En lugar de señalar lo que está mal, la terapia es un espacio para regar aquellas áreas de tu vida que han quedado un poco olvidadas.

Dejar de juzgar para empezar a explorar

Cuando nos fusionamos con nuestros problemas, nuestra mirada se vuelve crítica. Nos decimos: «no debería sentir esto» o «tengo que cambiar mi forma de ser». Esa autocrítica es como dejar de regar una planta porque no nos gusta cómo está creciendo.

En la psicología contextual, cambiamos el «por qué me pasa esto» por el «háblame un poco más de eso». La curiosidad nos permite:

  • Observar sin etiquetas: Ver nuestras emociones como procesos, no como defectos.
  • Descubrir valores: Entender qué nos importa realmente debajo de ese malestar.
  • Fomentar el crecimiento: Como una planta que recibe agua, el paciente empieza a crecer no porque se le fuerce, sino porque se le da el espacio y la atención necesaria.

Tu vida es un jardín, no una máquina

Si vemos nuestra mente como una máquina, buscamos la pieza defectuosa para cambiarla. Pero si la vemos como un jardín, entendemos que cada «planta» (cada área de tu vida: relaciones, propósito, autocuidado) necesita un cuidado distinto.

Mi labor como psicólogo no es decirte qué flores debes tener, sino ayudarte a mirar con curiosidad ese jardín para que tú decidas qué quieres cultivar y qué necesitas regar hoy.

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