¿Por qué nunca nos sentimos «suficientes»? La trampa de la perfección

A menudo, en mi consulta de psicología en Valladolid, escucho una frase que se repite bajo diferentes formas: «Estaré bien cuando logre cambiar esto de mí». Es la idea de que somos una pieza defectuosa que no encaja en el cuadro de la vida porque tiene «demasiadas esquinas».

Como muestro en esta viñeta, pasamos tanto tiempo intentando redondear nuestras aristas que, cuando por fin lo logramos, echamos de menos la estabilidad que nos daban nuestros lados.

La eterna espera: «Cuando sea perfecto, encajaré»

Vivimos proyectados en un futuro que nunca llega. Pensamos que:

  • Cuando sea más extrovertido…
  • Cuando no tenga ansiedad…
  • Cuando pierda el miedo… …entonces podré empezar a vivir, a tener pareja o a disfrutar del «cuadro».

El problema es que, como dice el texto de mi publicación, «mañana puede que ya no esté el cuadro». Mientras nos pulimos, las oportunidades pasan.

El coste de «redondearse»

La paradoja de la autoexigencia es que, al intentar encajar en un molde ideal, perdemos nuestra esencia. El cuadrado de la imagen quería ser redondo para ser parte del grupo, pero al final descubre que sus lados le daban estabilidad.

En terapia no buscamos que dejes de tener esquinas, sino que aprendas a moverte con ellas. La salud mental no es ser una esfera perfecta, es ser un cuadrado que se acepta y que decide entrar en el cuadro hoy, con todas sus esquinas.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *